Mucha tinta y muchas palabras se le han dedicado al tema de lo acontecido en Teuchitlán, pero impresiona la valentía de las madres buscadoras afrontando todos los riesgos, riesgos que acreditan los asesinatos de mujeres y hombres que el crimen organizado, el no organizado y vaya usted a saber quién más, han perpetrado contra aquellos que se atrevieron a buscar a sus seres queridos. Qué inmenso debe ser el dolor de no saber cuál ha sido el destino de un familiar, dolor que es más fuerte que cualquier temor. Si a alguien se le debe acreditar el mérito de que saliera a la luz lo que, probablemente, sea una larga serie de crímenes e indecibles tormentos, es precisamente a esas y esos héroes anónimos.