Claudia Sheinbaum es un misterio. Su disciplina oculta los cambios que supondría su Presidencia. La tosquedad con la que remeda el discurso presidencial no hace más que subrayar la incógnita. Imitación de frases y entonaciones que son, en buena medida, una manera de esconder su personalidad. El discurso de la candidata del oficialismo está hecho tanto de convicción continuista como de ocultamiento estratégico. Hasta el momento, no es fácil saber qué partes de su lenguaje son maniobras temporales de fidelidad y cuáles son las piedras duras de su convencimiento. Por eso es un misterio. Es tan razonable imaginar una Presidencia de Sheinbaum como la radicalización de estos seis años o como un viraje pragmático.
Estudió Derecho en la UNAM y Ciencia Política en la Universidad de Columbia. Es profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado El antiguo régimen y la transición en México y La idiotez de lo perfecto. De sus columnas en la sección cultural de Reforma han aparecido dos cuadernos de Andar y ver.